Esta semana se ha llevado a cabo una actividad en el colegio en la que han participado todos los cursos, desde infantil hasta primaria. Consistía en reunir a todos los alumnos en el patio y quemar una sardina con deseos de cada uno de los miembros del colegio.
Durante la salida ocurrieron varios incidentes con mi clase. Antes de salir del aula, la tutora pidió a los alumnos de clase que se colocaran por parejas como están sentados, pero no estaban conformes y desobedecieron a la profesora. Finalmente, tras 10 minutos de espera consiguieron organizarse y pudimos dirigirnos a la actividad.
Además, hubo varios alumnos que se pelearon entre ellos y se empujaron en la fila.
Tras terminar el acto, quedaban unos minutos de recreo, pero mi tutora decidió que el comportamiento no había sido el apropiado y entramos todos en el aula a solucionar los conflictos.
La tutora comenzó a preguntar a los alumnos qué había ocurrido en la actividad y por qué creían ellos que no estaban fuera con los demás compañeros del colegio. Fueron compartiendo con los demás sus opiniones y reconocieron que no habían actuado de forma correcta. Tras esta reflexión, se les pidió que aportaran soluciones y algunas de las que dijeron son: ser más rápidos en la fila, hacer caso a los profesores, respetar a los que están hablando y jugar con respeto.
Durante toda la actividad observé que hay una gran falta de comunicación entre los propios alumnos. No saben trabajar en grupo y les cuesta ponerse de acuerdo entre ellos, porque no se escuchan ni ayudan. Por ejemplo, los minutos que tardaron en organizarse en la fila pasaron porque entre ellos no cedían a pasar unos para delante y otros para atrás, a buscar a su compañero de mesa.
Una solución que yo propondría sería preguntarles cómo se organizarían de nuevo si la profesora les mandara colocarse en fila con la pareja de mesa. Una vez hubieran aportado las ideas, pasaría a la práctica aplicando sus técnicas y haciéndoles ver que la comunicación y la colaboración de todos es imprescindible.
También, les haría escribir una carta reflexionando sobre las cosas positivas y negativas de la actividad, respecto a su actitud. Creo que es muy importante que en casa piensen en lo ocurrido y no lo dejen pasar como una charla más de clase.
Hace dos semanas se realizó en 1º de primaria una actividad con grupos interactivos. Algunos padres de los alumnos de ese curso fueron como voluntarios para hacer de mediadores en los equipos y yo pude colaborar también en la actividad. Eran cuatro grupos de 6-7 niños aproximadamente y se les procuraba colocar de manera que los más tímidos y lentos quedaran cerca del mediador. Cada 15 minutos iban rotando de actividad hasta cumplimentar todas.
Lo que pude observar en esta hora fue que los grupos eran muy numerosos y era muy difícil lograr que todos los alumnos participaran por igual y se mantuviera la calma. Además, al rotar cambiaban sus posiciones y en ocasiones los más rápidos se sentaban cerca del mediador e intentaban manejar la actividad a su manera, dejando a otros alumnos en un segundo plano disminuyendo así su participación. Los mediadores, intentaban controlar la situación siempre dedicándoles buenas palabras y aludiendo su buen comportamiento, pero en ocasiones era difícil.
Esta semana se ha vuelto a realizar la actividad y han cambiado algunos aspectos para mejorar los fallos de la vez anterior. Los grupos que antes eran de 6-7 personas se han reducido a un máximo de 4 niños por equipo y se han dejado claras las posiciones que debía tomar cada alumno para no entorpecer el trabajo de otros.
Al realizar estos cambios las actividades han sido más productivas, se ha logrado un mejor clima de aula, la participación a aumentado y a los mediadores les ha resultado más fácil controlar los grupos.
Al realizar estos cambios las actividades han sido más productivas, se ha logrado un mejor clima de aula, la participación a aumentado y a los mediadores les ha resultado más fácil controlar los grupos.

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